← Volver al índice
Reino de los Bosques · Capítulo III

Elara

El corazón del bosque
✦ ✦ ✦

Mucho antes de que Arelis inclinara sus ramas y Calía abriera sus pétalos bajo la tormenta, el Reino de los Bosques tenía un secreto.

En lo más profundo de sus arboledas, donde la luz del sol llegaba en hilos dorados y la luna solo entraba cuando el mundo dormía, existía un árbol tan antiguo que nadie recordaba haberlo visto nacer. Su nombre era Elara.

Sus raíces atravesaban la tierra como memorias. Sus ramas rozaban el cielo como preguntas. En su tronco vivían los nombres de todas las promesas que alguna vez se habían hecho bajo las hojas del bosque. Elara no hablaba a menudo. No lo necesitaba. Todo el reino latía a su alrededor.

Cuando Arelis aprendió a abrazar, Elara sintió una nueva ternura recorrer sus raíces. Cuando Calía sostuvo la calma durante la tormenta, Elara sintió una paz blanca abrirse entre sus ramas.

Entonces comprendió que el bosque estaba cambiando. Ya no era solo un lugar donde crecer. Era un lugar donde sanar.

Esa misma noche, Elara dejó caer una semilla. Pero no cayó sobre la tierra. Quedó suspendida en el aire, justo a la altura del corazón de quienes caminaban por el claro. La semilla brillaba con una luz verde y dorada, como si dentro de ella vivieran todas las primaveras que aún no habían sucedido.

Arelis le ofreció la memoria de su abrazo. Calía le entregó la calma de sus pétalos. Y Elara, con la paciencia de los árboles eternos, le dio lo más valioso que poseía: la capacidad de escuchar aquello que el corazón no se atreve a decir en voz alta.

De aquella semilla nació Elara. Una joya creada para llevar cerca del pecho, allí donde los sueños todavía tiemblan antes de convertirse en palabras.

Elara no nació para prometer que todo será fácil. Nació para recordar que dentro de cada persona existe un bosque secreto. Un lugar íntimo, profundo, sagrado, donde aún crecen partes de nosotras que creíamos perdidas. Un lugar donde la ternura de Arelis y la calma de Calía siguen vivas, esperando a que volvamos a escucharlas.

Dicen que quien lleva Elara cerca del corazón aprende a reconocer sus propios ciclos. Cuándo brotar. Cuándo descansar. Cuándo soltar una hoja antigua. Cuándo permitirse florecer de nuevo.

Porque Arelis fue el abrazo. Calía fue la calma. Y Elara fue el bosque recordándonos que todo lo que ha sido herido aún puede volver a crecer.

Elara
La joya de este capítulo
Elara
Para llevar cerca del pecho, allí donde los sueños todavía tiemblan antes de convertirse en palabras.
Descubre la joya →