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Reino de las Estrellas · Capítulo II

Estela

Las estrellas que decidieron acercarse
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No todas las estrellas de Vaalbará caen.

Algunas miran el mundo desde lo alto y sueñan con tocarlo, pero saben que su lugar está en acompañar desde la distancia. Otras descienden como lágrimas de luz, dejando tras de sí historias de amor, mareas y lunas protectoras. Pero Estela nació de una decisión distinta. Nació la noche en que un grupo de pequeñas estrellas decidió acercarse a la vida sin abandonar del todo el cielo.

Desde el firmamento, veían a las personas caminar bajo ellas. Veían deseos susurrados, cartas nunca enviadas, lágrimas escondidas en almohadas y promesas hechas mirando hacia arriba. Las estrellas guardaban todos aquellos secretos, como siempre habían hecho. Pero una noche se preguntaron algo:

«¿Y si no bastara con mirar?»

Una de ellas, la más pequeña, descendió un poco. Luego otra. Y otra. No cayeron hasta el mar, como aquella primera estrella enamorada. No abandonaron para siempre su pentagrama. Solo bajaron lo suficiente para rozar el mundo con su luz, como quien extiende una mano sin invadir el camino de nadie.

Se reunieron alrededor de dos lunas doradas, pequeñas y cálidas, formando un cielo portátil: un fragmento de noche que pudiera llevarse cerca del rostro.

Así nació Estela. Una joya creada para quienes desean llevar consigo un poco de cielo en los días cotidianos. Para quienes buscan luz sin perder la calma. Para quienes entienden que no hace falta caer para acercarse, ni gritar para brillar.

Dicen que quien lleva Estela recuerda que hay sueños que nos acompañan desde arriba, pero también hay luces que se atreven a bajar hasta nuestra piel. Y que incluso en los días más simples, una puede caminar con estrellas cerca.

Estela
La joya de este capítulo
Estela
Para quienes desean llevar consigo un poco de cielo en los días cotidianos.
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